lunes, 11 de noviembre de 2013

Porque no es el lugar, sino el momento.

Una noche más, me planto a esta página en blanco dispuesto a escribir algo que sacie mi sed.

No sé lo que quiero escribir esta vez, hace tiempo se me ocurrió una bonita historia, lo que pasa es que, por flojera, no la escribí. Soy un flojo, un vago... Pero cuando hay algo que realmente me empeño en hacer porque es lo que quiero y deseo, pfff... No hay quien me pare, ¿no te ha pasado a ti también?

Siempre me desvío de mis temas y empiezo a decir gilipolleces y otras muchas cosas, ni yo mismo me entiendo. Eso es bueno.


Ya he vuelto, acompañado de mi merienda y única comida del día. En fin.

Hace dos noches, tuve una interesante conversación con una buena amiga mía, en la que ambos expresamos nuestra opinión sincera sobre un problema. Salieron muchas cosas a la luz.
Me di cuenta de que mi entorno ha cambiado mucho y desde entonces, los miembros que formaban ese entorno han ido desapareciendo. Desapareciendo porque ya no eran ellos mismos.
Pero... No vengo aquí para hablar de ellos, sino de mi.

Yo solía tener una coraza, esa coraza ahora está rota y no me protege de nada.

Tengo muchos recuerdos de ella, pero no consigo encontrarla. Desapareció junto con mi razón. No sé lo que estoy diciendo, ni a donde quiero llegar. Esta frase se ha convertido ya en algo que frecuento constantemente y eso no puede ser. Pero es.

Si alguien lee esto, me gustaría conocer su historia. Su razón de existir. Me gustaría conocer las razones por las que puede sufrir una persona, las razones por las que puede cambiar y dejar de ser la misma, conocer su pasado para darme cuenta de su presente.

Este relato, es el que peor me ha sentado, porque mi historia ya la conozco.