Las cosas no han salido muy bien de un día para otro. Me entristezco mirando la situación actual en la que estoy y si me pongo a darle muchas vueltas no consigo dormir por las noches. Sé fuerte, es lo único que oigo ahora mismo, ya pasará, el tiempo pone a cada persona en su sitio, ya se dará cuenta de lo que está haciendo, etc...
No sé lo que quiero ser, no sé hasta donde podré volar. Me despierto cada día en un sitio diferente, mucha gente conocida y poco hogar. Muchas palabras, mucho daño...
Narrar mi historia es un poco triste y además no tiene sentido alguno ponerme a hablar ahora de lo que tengo metido en la cabeza, no viene a cuento. No sé como afrontar esta situación. A penas puedo sentarme cinco minutos a estudiar, ya que mi cabeza da prioridad a los problemas que hay en mi vida.
Estaba solo y no me di cuenta. Ahora he visto la realidad. Mejor tarde que nunca. No aguantaba más.
Lamento decir, que aún no he abierto los ojos de nuevo, no he renacido, aún estoy muriendo, porque por muchas palabras de ánimo, muchas verdades, mucho apoyo, yo me siento igual... Me hago la misma pregunta: ¿Y ahora qué?
Un Pato me dijo que yo era la persona más fuerte que había conocido, que aún sabiendo todo lo que tenía encima seguí adelante, yo ahora mismo me veo débil, muy débil. Admito que me siento mal y por culpa de ello mis relaciones sufren. Mi Pato sigue ahí, animándome, luchando por mi, discutiendo conmigo, diciéndome todo lo que ella piensa sobre el tema, sobre mi, sobre la situación y la admiro un montón, porque es increíble. No sé muy bien como, pero me apetecía piropearla mucho y muy fuerte, porque ella es especial y se lo merece, pero no sé si voy a poder...
Eres genial, en serio. Eres perfecta, un encanto de persona, muy dulce y cuqui. Me ayudas en todo lo que puedes y me apoyas. Me animas para que siga adelante y me das fuerzas, me sigues a todos lados y si no, te esperas sentada hasta que yo vuelva para poder encontrarte. Eres maravillosa.
No me gusta quemarme. No es algo de lo que me sienta orgulloso ni mucho menos, además, duele en la patata y hago daño, eso no mola. Lo siento.
Pero... Tengo en la cabeza un bonito recuerdo, uno de esos que me gusta escribir.
Un día cualquiera, desayunar juntos churros con chocolate. Pasar la mañana limpiando el coche a nuestra manera y que cuando empiece a llover encerrarnos dentro dejando los pies en el aire para no manchar la alfombrilla. Hablas de temas importantes y serios pero con el toque de amistad, de relación, de buen rollo, de discutir con una sonrisa en la cara. No se, fue precioso. Decirte Fea y que hasta tu madre te lo reconozca, pero tú sabes que eres preciosa Pato. Almorzar juntos acompañados de la típica pelea en la mesa, nunca se tiene la fiesta en paz, pero me siento arropado por la situación. Tirarnos en el sofá a decidir qué hacer con nuestras vidas... Narnia. Acurrucarnos en el sofá con tropecientas mantas y poner en el portátil la película. Tú ya sabes todo lo que pasó, creo que no hace falta que dé detalles. Fue precioso. Arroparnos con las sábanas y delirar un rato, para luego salir corriendo a coger un bus, la suerte estaba de nuestro lado, justo a tiempo. Cenar juntos, pizza, mientras hablábamos y hablábamos, es una alegría que nunca se te acaben los temas de conversación. Paseo nocturno para rematar la faena, alumbrado del centro, el árbol, el portal. Y luego que nos lleven a casa.
Lo más triste... Fue el momento de bajarme del coche y despedirnos después de tantas horas juntos. Después de todo lo que habíamos vivido, reído, hecho.. Y ahora había que decir adiós.
Te echo de menos.