"Basado en hechos reales."
Recuerdo la primera vez que me enfrenté a un Zombie.
Normalmente, se les apodaba Z, para acortar y que quedara más guay. Estaba con mi grupo por allí lejos, no recuerdo el nombre de las calles, nunca lo hago. Pero sí es cierto que hay unas estatuas, una especie de plaza, tiendas, una farmacia... Ponte en situación. Un equipo de unas seis personas y yo, solos en la oscuridad de un día cualquiera y frente a lo que parecía ser nuestro fin.
Avanzábamos rápidos por la plaza sin hacer mucho ruido, nos habían comunicado la presencia de varios Z por la zona y no nos apetecía mucho jugárnosla. Íbamos en dos pequeños grupos, unos de tres y otro de cuatro. El mío era de tres. Íbamos delante, calculando distancias, cubriendo si era necesario y avisando a los demás de las posiciones de los Z y posibles amenazas. Detrás, el grupo de cuatro, que tenía más posibilidades de ser de tres, unos gilipollas que nos atacaron hirieron a un compañero en la pierna. Sangraba mucho. Otros dos le ayudaban a mantenerse en pie y llevarlo. Esperábamos que aguantase hasta llegar a la base.
Yo avanzaba por la parte derecha del trío, cubriendo una carretera y unas cuantas tiendas. Todo estaba destrozado, todo esparcido por el suelo, algún cadáver, sangre proyectada sobre las paredes, puertas, suelo... Intentaba mantener la cordura.
De pronto, oí por el pinganillo conectado a la radio que habían avistado un vehículo a toda velocidad que al parecer estaba alertando a todos los Z de las proximidades y iban hacia nuestra posición. Comencé a oír el ruido del motor y como poco a poco, los gruñidos de unos cuerpos en el suelo se alzaban lentamente. Empecé a ver como cuerpos mutilados, hacían lo imposible por levantarse y caminar. Me asusté. Comuniqué a mi equipo que las cosas no estaban yendo bien, qué debía hacer. Me dijeron que regresara al centro, debíamos reagruparnos. Hice caso sin rechistar.
Una vez llegué al centro, estaban los seis ya allí, bueno, los cinco. Mi compañero herido yacía en el suelo boca arriba, balbuceando y con los ojos completamente perdidos y abiertos. Mis compañeros se empezaron a hacer a la idea de que no lo contaría, había que hacerlo. Uno de los chicos que lo iba cargando sacó su navaja y automáticamente algunos asintieron, yo bajé la cabeza para evitar guardar esa imagen en mi cabeza. Entonces, el turismos del cual nos habíamos olvidado apareció de la nada en medio de la plaza, hecho polvo, echando humo, con la ruedas a punto de explotar, el chasis destrozado y a penas quedaban restos de cristales en las ventanas.
Asustados, tomamos nuestras armas y apuntamos todos al interior del vehículo. Oíamos a lo lejos la manada de zombies que se estaba acercando a nosotros por culpa de ese trasto. Una compañera decidió avanzar hacia él para acabar cuando antes y marcharnos, el lugar no era seguro, pero no le dio tiempo de avanzar cuando la puerta del piloto cayó y de una capa de humo salió una chica armada con una Glock, diversas heridas por su cuerpo por las que manaba sangre y un vendaje que se dejaba ver a la altura del pecho.
Mi compañera se puso en guardia y mantuvo su M16 fija en dirección a la cabeza de la chica herida. El tiempo se nos iba, los gruñidos de los Z ya estaban por todos lados, venían de todas direcciones y no había tiempo de nada. Mi compañera avanzó hacia la chica con el propósito de saber quien era cuando a 5 metros de mi oí un grito aterrador. El novato que iba a acabar con el sufrimiento del herido estaba ahora luchando en el suelo con él encima, indefenso y recibiendo brutales mordiscos a la altura del gemelo derecho. Poco tardó el viejo en propinarle con la culata de la escopeta en la cabeza hasta romperle el cráneo, pero, ya era tarde para el novato, él mismo lo pedía. "No dejéis que me convierta en uno de ellos." Palabras que retumbaron en mi cabeza una vez tras otra, al igual que el cañonazo de la M1014 del viejo. Dos menos.
Cuando volví a la realidad, tenía al traficantes de droga zarandeándome y gritándome. Miraba a mi alrededor y veía decenas de Z aparecer de entre los arbustos. Me agarró y me llevó junto a la veterinaria, que me puso detrás de ella y disparó unas ráfagas de la M16 a unos zombies que se acercaban desde el frente. Observé que la chica del coche estaba tirada en el suelo y la empezaban a rodear, ya era tarde.
El equipo estaba rodeado. Quedábamos cinco.
Nos colocamos en círculo, cubriéndonos los unos a los otros, espalda contra espalda. El viejo a mi derecha metía cartuchos en la escopeta. La veterinaria a mi izquierda retocaba un poco la mira y la empuñaba con fuerza. Oí detrás mía como el traficante comprobaba la munición que le quedaba en el cargador de su AK-47 y se trasteaba en los bolsillos buscando algunas balas más. A su lado, el policía que nos había proporcionado todo el arsenal se colgaba el G36C del cuello y dejándolo caer, sacó una M9 de detrás del pantalón y comprobó que estaba llena y estaba cargada. Tras esto, yo levanté la magnum a la altura de mis hombros, comprobando que me era cómodo apuntar y respiré hondo.
Los zombies se acercaban y con ellos nuestro destino.
Lo siguiente que recuerdo, fue escuchar el primer disparo y sentir como algo puntiagudo y ardiente atravesaba mi pecho, haciéndome caer de rodillas y luego de bruces al suelo.
sábado, 30 de agosto de 2014
lunes, 18 de agosto de 2014
Sentir a través de otra persona. (5 días, 4 noches.)
Mi historia comienza con un error. Un error que quizás se convierta en mi historia. Una historia que merece la pena ser contada. Una historia que mediante el deseo de una vela, desean que sea feliz.
Yo tengo mi historia, tú tienes la tuya, pero esta... Esta es nuestra historia.
Embarcamos rumbo a una nueva aventura. Tú y yo frente a lo que pudiera pasar.
A pesar de algunos inconvenientes decidimos hacerlo, decidimos que ya era hora de perdernos en la inmensidad del mundo, de que nos dejaran ser nosotros mismos.
Mmm... No sé muy bien por donde empezar... Para mi ahora mismo todo ha pasado muy rápido. La verdad es que me pareció poquísimo tiempo en el Paraíso, pero bueno... ¿Qué le vamos a hacer?
Continuaré con la llegada al Paraíso, un bonito lugar apartado del mundo que nos rodeaba, con una muy buena compañía a mi parecer. Y... Nada, lo típico de instalarse y demás.
Llegamos ya tarde. La hora de cenar estaba encima nuestra y la primera noche caía ante nosotros.
La primera noche. Brillante por la luz de una Luna llena increíble que cubría nuestro mismo cielo.
Nos acostamos relativamente temprano, hicimos la cama juntos y nos tumbamos. Enseguida te levantaste a coger miles de cojines para acurrucarte entre todos ellos. Estabas tan mona.. Fue una noche larga. Una noche para empezar a experimentar.
Recuerdo tus caricias en mi cuerpo, tus besos por mi cuello, las manchitas que aparecieron a la mañana siguiente, tu sonrisa en la oscuridad, la suavidad de tu piel, las mantas que acabaron esparcidas por toda la cama. Digamos que no veíamos la hora de terminar y dormir.
Costaba levantarse por la mañana... Recuerdo que se nos pegaban mucho las sábanas y no tanto las sábanas...
Recordé por un momento una historia de la Mafia. ¿Te acuerdas que te la conté? El modo en el que la Mafia Rusa interrogaba a sus víctimas para sacarles la información que deseaban. Mi amigo Jony estuvo por allí. Me contó que atraparon a una joven indefensa y bonita, y le tocó a mi amigo Jony torturarla hasta conseguir la información deseada, las claves de unas cajas fuerte del banco rivales. El nombre de la chica estaba en clave, y la llamaban Cientocinco.
Explicando un poco el método, era algo típico, un barreño con agua y la chica atada. Jony preguntaba y si no respondía o no oía lo que quería le metía la cabeza bajo el agua un rato para que recordara. La chica era dura, Jony insistía dejándola bajo el agua largos momentos, la tenía a punto del desmayo, pero ella aguantaba.
No consiguieron nada, pero me dijo que recordaría ese momento como algo divertido, siempre le ha gustado interrogar.
Por desgracia, a Jony le perdía Cientocinco.
¿Cómo seguir con la historia...? Intentaré contar, como la pequeña escama que se desprendió de un dragón negro ayudó a un pingüino a conquistar a su amada. La escama andaba perdida por la inmensidad de la arena de la playa. La Luna estaba a punto de salir y el Sol se estaba escondiendo. El ocaso. La escama estaba deseando ser encontrada y así fue, el pingüino la halló, la lavó y la guardó a la espera del momento justo para entregársela.
Tengo borrosos algunos recuerdos.
Apareció en escena ella, abrazada a él en un sin fin de ternura y amor. Envueltos en la noche en medio de ninguna parte. Ella poseía la piedra y en su rostro se dejaban ver lágrimas que caía suaves por su mejilla. Lágrimas de Felicidad.
Aburrido y tirado en el sofá, me pasé la noche del jueves viendo una película. Una película un poco subida de tono.
La tierna escena de una pareja unida por sus manos y por las gotas de agua que recorrían ambos cuerpos simultáneos cayendo del cielo. Cuerpos que se encontraban indefensos el uno ante el otro. Cuerpos en los que surgió la magia del momento. Besándose apasionadamente, un beso tras otro, las caricias cobraron importancia en el asunto y se sumergieron en una burbuja.
Burbujas y espuma que ella esparcía felizmente por la cara de él. Esa mano que terminaba acariciando el pecho desnudo de él. La espalda de ella, el abdomen de él, la cara de ella, la espalda de él.
La felicidad de ambos.
Una escena muy erótica, romántica y bonita. Dos cuerpos unidos. Inmersos juntos en su mundo.
¿Mi aventura? La mecha de una vela que se consumía y la dejaba sin cera.
Dos cuerpos sumidos en su luz por la habitación, alumbrando caras, piernas, manos, pechos... El ambiente cargado de locura, lujuria, pasión, erotismo, sexualidad, sentimiento, ternura... El miedo fue dejando paso a el sentimiento mutuo de confianza.
"Si le cortas a un Pato un ala jamás podrá volver a volar."
Yo tengo mi historia, tú tienes la tuya, pero esta... Esta es nuestra historia.
Embarcamos rumbo a una nueva aventura. Tú y yo frente a lo que pudiera pasar.
A pesar de algunos inconvenientes decidimos hacerlo, decidimos que ya era hora de perdernos en la inmensidad del mundo, de que nos dejaran ser nosotros mismos.
Mmm... No sé muy bien por donde empezar... Para mi ahora mismo todo ha pasado muy rápido. La verdad es que me pareció poquísimo tiempo en el Paraíso, pero bueno... ¿Qué le vamos a hacer?
Continuaré con la llegada al Paraíso, un bonito lugar apartado del mundo que nos rodeaba, con una muy buena compañía a mi parecer. Y... Nada, lo típico de instalarse y demás.
Llegamos ya tarde. La hora de cenar estaba encima nuestra y la primera noche caía ante nosotros.
La primera noche. Brillante por la luz de una Luna llena increíble que cubría nuestro mismo cielo.
Nos acostamos relativamente temprano, hicimos la cama juntos y nos tumbamos. Enseguida te levantaste a coger miles de cojines para acurrucarte entre todos ellos. Estabas tan mona.. Fue una noche larga. Una noche para empezar a experimentar.
Recuerdo tus caricias en mi cuerpo, tus besos por mi cuello, las manchitas que aparecieron a la mañana siguiente, tu sonrisa en la oscuridad, la suavidad de tu piel, las mantas que acabaron esparcidas por toda la cama. Digamos que no veíamos la hora de terminar y dormir.
Costaba levantarse por la mañana... Recuerdo que se nos pegaban mucho las sábanas y no tanto las sábanas...
Recordé por un momento una historia de la Mafia. ¿Te acuerdas que te la conté? El modo en el que la Mafia Rusa interrogaba a sus víctimas para sacarles la información que deseaban. Mi amigo Jony estuvo por allí. Me contó que atraparon a una joven indefensa y bonita, y le tocó a mi amigo Jony torturarla hasta conseguir la información deseada, las claves de unas cajas fuerte del banco rivales. El nombre de la chica estaba en clave, y la llamaban Cientocinco.
Explicando un poco el método, era algo típico, un barreño con agua y la chica atada. Jony preguntaba y si no respondía o no oía lo que quería le metía la cabeza bajo el agua un rato para que recordara. La chica era dura, Jony insistía dejándola bajo el agua largos momentos, la tenía a punto del desmayo, pero ella aguantaba.
No consiguieron nada, pero me dijo que recordaría ese momento como algo divertido, siempre le ha gustado interrogar.
Por desgracia, a Jony le perdía Cientocinco.
¿Cómo seguir con la historia...? Intentaré contar, como la pequeña escama que se desprendió de un dragón negro ayudó a un pingüino a conquistar a su amada. La escama andaba perdida por la inmensidad de la arena de la playa. La Luna estaba a punto de salir y el Sol se estaba escondiendo. El ocaso. La escama estaba deseando ser encontrada y así fue, el pingüino la halló, la lavó y la guardó a la espera del momento justo para entregársela.
Tengo borrosos algunos recuerdos.
Apareció en escena ella, abrazada a él en un sin fin de ternura y amor. Envueltos en la noche en medio de ninguna parte. Ella poseía la piedra y en su rostro se dejaban ver lágrimas que caía suaves por su mejilla. Lágrimas de Felicidad.
Aburrido y tirado en el sofá, me pasé la noche del jueves viendo una película. Una película un poco subida de tono.
La tierna escena de una pareja unida por sus manos y por las gotas de agua que recorrían ambos cuerpos simultáneos cayendo del cielo. Cuerpos que se encontraban indefensos el uno ante el otro. Cuerpos en los que surgió la magia del momento. Besándose apasionadamente, un beso tras otro, las caricias cobraron importancia en el asunto y se sumergieron en una burbuja.
Burbujas y espuma que ella esparcía felizmente por la cara de él. Esa mano que terminaba acariciando el pecho desnudo de él. La espalda de ella, el abdomen de él, la cara de ella, la espalda de él.
La felicidad de ambos.
Una escena muy erótica, romántica y bonita. Dos cuerpos unidos. Inmersos juntos en su mundo.
¿Mi aventura? La mecha de una vela que se consumía y la dejaba sin cera.
Dos cuerpos sumidos en su luz por la habitación, alumbrando caras, piernas, manos, pechos... El ambiente cargado de locura, lujuria, pasión, erotismo, sexualidad, sentimiento, ternura... El miedo fue dejando paso a el sentimiento mutuo de confianza.
"Si le cortas a un Pato un ala jamás podrá volver a volar."
lunes, 4 de agosto de 2014
Tú y yo. Nosotros.
Toda la noche por delante...
Acostados a la vez en la cama, tú y yo nos acurrucamos. Envueltos juntos en un mismo calor.
Yo boca arriba y tú pegada en mi lado izquierdo, rodeándote con mi brazo y tus piernas envolviendo a la mía.
Yo pensaba que sería una noche tranquila. Una noche para quedarme pensando en tus besos, hacerme a la idea de la situación en la que estaba, del momento que estaba viviendo... Pero las hormonas hicieron efecto.
Comenzamos a besarnos apasionadamente. Beso tras beso se encadenan caricias destinadas a rozar tu cuello o masajear tu nuca. Dejarte respirar para oír tus gemidos a penas perceptibles. Comenzamos a jugar con la lengua, que si un bocadito por aquí, un beso por allí, otro bocado.
Punto y a parte.
Continuar jugando bajo la litera y la inmensidad de la oscuridad. Gemidos, carcajadas, besos, tu sonrisa... Para mi brillabas en la oscuridad cual Luna llena. Nada importaba. Solos tú y yo. Solo Nosotros.
Sentir piel con piel. Mi pecho desnudo frente al tuyo. Envolvernos en un interminable abrazo en el que solo cuenta el roce y la cercanía de nuestras pieles. Fundirnos el uno con el otro.
No sé lo que escribo.
Ese abrazo tenía mucho más. Tenía cosas que para mi son inexplicables. Calor, sentimientos, felicidad, sexualidad... Quedé atrapado en tu abrazo y ya no quería salir, no quería apartarme más de ti. Me transmitías una sensación cálida de tranquilidad y seguridad.
Aún que, debo reconocer que fue encantador tu miedo a lo que podría haber habido en la oscuridad. Oímos pisadas, ruidos... Tu con miedo te acurrucas en mi, intento protegerte, cuidarte, darte la seguridad que necesitas, tranquilizarte... Sé que quedarnos debajo de las sábanas no es la mejor defensa, pero sé que confiaste en mi, y también sé que todo pasó y ...
Fue una noche maravillosa y un amanecer en la cama contigo precioso.
Hoy no sé escribir.
Sorry.
Punto y a parte.
Continuar jugando bajo la litera y la inmensidad de la oscuridad. Gemidos, carcajadas, besos, tu sonrisa... Para mi brillabas en la oscuridad cual Luna llena. Nada importaba. Solos tú y yo. Solo Nosotros.
Sentir piel con piel. Mi pecho desnudo frente al tuyo. Envolvernos en un interminable abrazo en el que solo cuenta el roce y la cercanía de nuestras pieles. Fundirnos el uno con el otro.
No sé lo que escribo.
Ese abrazo tenía mucho más. Tenía cosas que para mi son inexplicables. Calor, sentimientos, felicidad, sexualidad... Quedé atrapado en tu abrazo y ya no quería salir, no quería apartarme más de ti. Me transmitías una sensación cálida de tranquilidad y seguridad.
Aún que, debo reconocer que fue encantador tu miedo a lo que podría haber habido en la oscuridad. Oímos pisadas, ruidos... Tu con miedo te acurrucas en mi, intento protegerte, cuidarte, darte la seguridad que necesitas, tranquilizarte... Sé que quedarnos debajo de las sábanas no es la mejor defensa, pero sé que confiaste en mi, y también sé que todo pasó y ...
Fue una noche maravillosa y un amanecer en la cama contigo precioso.
Hoy no sé escribir.
Sorry.
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