Da igual lo que haya pasado, lo que haya visto, oído, leído, lo de antes, lo de ahora... Me necesito a mi mismo.
No sé lo que voy a escribir, no tengo ninguna idea clara ahora mismo, pero sé que lo necesito, porque es mi manera de desahogarme, esa manera que había perdido por un tiempo no sé por qué... Que mal.
Es difícil pensar, escribir, leer y tener los cascos con la música a tope. En fin, haré lo que pueda.
Después de haber pasado toda la tarde revolcándonos en la cama nos percatamos de la hora que es, de que ya no hacía falta tener la persiana bajada para evitar que la luz de la calle mostrara nuestros cuerpos, de que las velas antes encendidas que proporcionaban la poca luz que había desaparecieron y quedamos consumidos por la oscuridad, después de que el eco de tu risa en aquella habitación dejara de sonar tras unas tres horas, nos levantamos a cenar algo.
Una bonita velada. La mesa con la comida y demás, sentados en un sofá juntos, cenando, y... Multitud de cojines para comenzar con la guerra. No había tiempo que perder, era esencial tener un cojín al menos en las manos para evitar posibles ataques y contraatacar. Parecía mentira que con mi gran manejo en el arte de las peleas de cojines te tuviera encima de mi armada con un cojín rojo pequeño y yo débil e indefenso ante ti. Tras reventarme amorosamente con los cojines decido darle la vuelta a la tortilla y me coloco yo encima de ti ahora, desarmándote y teniéndote a mi alcance.
Beso con fuerza esos labios tan tiernos. Labios que me hacen entrar en calor, labios que me seducen con su sonar, con su sabor, con su roce... Esos labios, los que me han devuelto esta mi imaginación que daba por perdida. Dulces besos con sabor a ti acechando mi cuello. Me rindo. Soy todo tuyo.
Una tregua me permite retomar mis armas y golpearte suavemente en la cabeza con dos cojines hasta que después de chillar te haces una bolita y te quedas resguardada en ti, aprovechando la ocasión, un besito para despertarte.
Un grato paseo nocturno. Mucho andar, mucho hablar, mucho ver, mucho roce, muchos besos... Muchas ganas el uno del otro. Recorrer medio mundo a pasitos cortos, picarnos a ver quien sube más rápido las escaleras, descubrir tus lugares secretos, tus lugares personales, tus lugares contigo. Ya te lo dije. Puedes decirme que es precioso, pero yo te insisto en que lo es más todavía por el hecho de que te encuentras aquí conmigo...
Que moñas me he vuelto de la noche a la mañana, ¿eso es bueno? Creo que había tanto escondido en mi, tanto retraído, tanto oculto, secreto, abandonado... BUM!!! Exploté.
Pasear cogidos de la mano por todos lados. Tontear. Morderte el cachete.
Llegar al escondite de las miradas y empezar a jugar. Golpes van, golpes vienen, besos por aquí, caricias por allá. Me gustó confiar en ti a esa distancia del suelo. Me emocionó saber de ti y me fascinó que me escucharas.
Por fin en casa, dolorido, cansado... Se ha colado un rayito de sol, por tu ventana, que es la ventana de mi habitación, se ha asomado y me ha pillado metiéndote mano... Metiéndote mano por la camiseta, acariciando tu espalda de arriba a abajo, seduciendo tu mirada con besos interminables y mordiscos en el labio. Rozando tus piernas, acariciando tus brazos, atrapándote entre mis abrazos, susurrándote al oído letras de canciones que jamás olvidarás, cantadas en voz baja, perdidas por los rincones de la habitación...
La habitación volvió a llenarse de interminables risas, risas que te alegran el día, ese sonido tan angelical que me llena por dentro. Tú sabes que es verdad. Sonrisa que me anima el día, que me hace confiar en ti, que consigue que vuelva a soñar, que vuelva a escribir, que vuelva a imaginar... Que vuelva a tener un objetivo.
Ring, ring... Ring, ring... Lamento el mal entendido, lamento mucho lo dicho, las comparaciones, perdona por mi gilipolleces, por mis paranoias, por mis miedo, por mi torpeza, por mi falta de expresión.... Lo siento por todo lo que te dije que te molestó. Perdóname. (Deje su mensaje después de la señal.... Piiii.)
Despertar por la mañana y tenerla al lado, con los ojos cerrados, dormida. Sentirla cerca, sentirte bien, tranquilo, relajado, en clama... Casualmente se despierta, y automáticamente desearle los buenos días con un beso. Ver como su cara fija en mi comienza a sonrojarse y te acurrucas bajo mi brazo.
Antes de irme, juguetear toda la mañana en la cama con los cojines y la música de fondo, carcajadas, risas, sonrisas, lágrimas de felicidad, caricias, besos, roces, tentación, gemidos...
Pegarte con la ventana de tu cuarto al despertar de un mero sueño creado por tu imaginación a causa de una segunda oportunidad aprovechada entre libros y precaución. Mandar el mundo a la mierda, sin saber ya que hacer. Agobiado, solo dejando entrar problemas porque nada bueno se avecina...
Llegar al espejo y encontrarte chupetones por el cuello, espalda y pecho.
Parezco un Dálmata.
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