martes, 16 de julio de 2013

Unas flores y algo más

Llegar a su cuarto y abrir su puerta con una rosa preparada en las manos y sonriendo. Curioso fue encontrarla tumbada en la cama cuando pretendía sorprenderla mientras estaba sentada en la silla del ordenador, pero bueno, no todo sale como planeamos.

La sorpresa se la llevó, no se lo esperaba, no tenía palabras.

Se incorporó un poco y acabó sentada en la cama, sin apartar la vista de mi y de la flor que pronto sería suya como regalo de ser simplemente ese día. No fueron pocos los que me preguntaron el porqué de ese acto, al cual respondía siempre porque sí, porque es hoy, y ya está, no tiene más explicación.
Quería hacerlo.

Sonrojada y petrificada aún en esa posición, se limitó a levantarse hacia mi y darme un abrazo como agradecimiento. Yo lo acepté y la abracé, luego le regalé su flor y bajé a por un vaso largo para colocarla dentro con agua y que adornase su cuarto.

Después, cogí la bolsa que traía conmigo y dejé cuidadosamente fuera de su alcance para que no sospechara nada más, la abrí y saqué un paquete de patatas para merendar y un regalo. Se lo entregué y esperé a que lo abriese. Su camiseta. Sabía lo mucho que le gustaba y el coñazo que me había dado con ella, después del esfuerzo en conseguirla, era por fin suya y su cara reflejaba aún más ese sentimiento de gratitud y vergüenza por todo lo ocurrido en el momento.

Sin zapatos ni camiseta, me tumbé a su lado para pasar el rato y fue grata la sensación de tenerla encima de mi, como siempre me ha gustado recordarla, colorada y avergonzada, sonriendo levemente y mirándome. Ocultaba su cara en mi pecho cuando decidía clavar mis ojos en ella y no dejar de mirarla fijamente, eso le da más vergüenza y eso sumamente un encanto. Está muy guapa cuando hace eso, además de que se pone irresistible y me dan ganas de comérmela entera.

Pasado un rato y volviendo a una situación normal, empecé a picarla. ¿Has visto lo que te he regalo? ¿Te gusta? ¿Eres feliz? Etc. con tal de que volviese a sonrojarse y se pusiera tonta queriendo esconder la cara.

Sin duda, fui feliz al ver su felicidad en sus ojos y reconozco que pasé una tarde agradable tumbado a su lado y mirándola sin parar.

Cinco horas no es nada al lado tuya, necesito más.

SDEC

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