Solo fueron dos segundos, los que duró el momento, pero, podría escribir miles de páginas narrando.
Recuerdo, que al principio, se me vinieron a la cabeza muchas cosas para hacerte, pero, no quise ser impulsivo por culpa de tu reacción, tenía miedo, desconfiaba...
Hablamos, y la cosa se tranquilizó un poco, pero, yo sentía una presión fuerte en el pecho, y no podía pensar con claridad...
Empezaba a sentir mucha calor, y me sentía colapsado, no quería que te fueras, y necesitaba entretenerte...
Justo antes de que salieras por la puerta, apagaste la luz, te agarré, me senté y ahí comenzó mi pequeño momento... Fue, una experiencia encantadora, tierna, serena, bonita, dulce... Me encantó estar de nuevo entre tus brazos, tu cabeza sobre la mía, tus brazos rodeando mi cuerpo y con mis manos sintiendo tu cintura...
Velozmente, te presioné un poco sobre mi, quería sentirte cerca, quería escuchar tus pensamientos, oír tu corazón latir... Y no dejarte ir...
Entonces... Comenzaron los dos segundos, en el momento, en el que nos separamos ligeramente, y nuestras miradas coincidieron simultáneamente. Ahí, querida mía, fue cuando comenzó mi infinito. Un infinito, que por desgracia terminó en el tiempo, pero jamás, de los jamases, terminará en mi memoria...
En esos dos segundos, fueron cuando más sentí, cuando más me llenaste, cuando más vivo me sentí... Cuando deseé fuertemente, besarte.
La imagen de tu rostro, lindo y brillante.
Tu sonrisa oculta, que me transmitía sentimientos de anhelo por tus labios, tus besos, tu lengua, tu boca y por verte reír otra vez.
Tus ojos... Bueno, tus ojos, son marrones, oscuros, pero, los encontré bonitos cuando me paré a mirarlos fijamente, pero cuando nuestras miradas coincidieron, en esos dos segundos, yo veía reflejado en tus ojos el universo, las estrellas, las constelaciones, el infinito, y tu mirada fija en mi... Ahí, fue cuando solo existíamos tú, mi corazón latiendo y yo.
Por desgracia... Ese momento terminó, de forma brusca, y tuvimos que encaminarnos hacia el lugar señalado. Lo más triste, fue no seguir el "Carpe Diem", dándome cuanta poco más tarde, que habías deseado besarme, al igual que yo contigo.
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